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El ‘pacto de socios’ suicida: la cláusula legal oculta que puede echarte de tu propia empresa justo cuando empieza a tener éxito

El 'pacto de socios' suicida: la cláusula legal oculta que puede echarte de tu propia empresa justo cuando empieza a tener éxito

Firmar un pacto de socios sin comprender cada línea puede convertirse en una trampa mortal para cualquier fundador. Muchas startups españolas incluyen mecanismos de exclusión automática que se activan precisamente cuando el proyecto despega, obligando a uno de los fundadores a abandonar su participación sin capacidad real de defensa. Estas cláusulas funcionan de forma silenciosa hasta que un conflicto o una ronda de inversión las pone en marcha, transformando a un socio mayoritario en un excluido sin previo aviso.

La legislación española permite amplia libertad contractual entre los firmantes de estos acuerdos privados, pero esa flexibilidad también abre la puerta a condiciones leoninas que benefician a unos en detrimento de otros. Cuando el tribunal supremo valida estos pactos, confirma que lo firmado obliga, por injusto que parezca años después, dejando a muchos fundadores en una posición de vulnerabilidad extrema si no actuaron con asesoramiento especializado desde el primer día.

Vesting: tu participación desaparece si te vas antes de tiempo

El vesting es una cláusula que condiciona la consolidación de tus participaciones al paso del tiempo, normalmente entre tres y cuatro años. Si abandonas la compañía antes de cumplir ese periodo, la sociedad puede recomprarte las acciones a un precio simbólico o incluso gratuito, dejándote sin nada pese a haber trabajado meses o años en el proyecto. Este mecanismo protege supuestamente el compromiso de los fundadores, pero en la práctica actúa como una espada de Damocles sobre quien tiene problemas personales, de salud o desacuerdos estratégicos con el resto del equipo.

Muchas startups imponen calendarios de vesting con cliff de un año, lo que significa que si te vas antes de cumplir doce meses, pierdes el cien por cien de tu participación. Los inversores exigen esta cláusula para asegurarse de que nadie abandona tras cerrar la ronda, pero los fundadores raramente negocian excepciones razonables, como mantener un porcentaje mínimo garantizado. Esta falta de previsión convierte al socio saliente en un trabajador más, sin derecho real sobre el valor creado durante su etapa activa en la empresa.

La clave está en pactar desde el inicio qué ocurre en caso de salida forzosa por causas ajenas a la voluntad del fundador. Incluir cláusulas de good leaver permite recuperar al menos parte de las participaciones consolidadas hasta la fecha, evitando que una enfermedad o un despido improcedente te deje sin nada. Sin embargo, la mayoría de los pactos solo contemplan el bad leaver, asumiendo que toda salida anticipada es culpa del socio, lo cual resulta profundamente injusto y desproporcionado.

Drag along: cuando te obligan a vender aunque no quieras

La cláusula drag along o derecho de arrastre permite que un grupo de socios mayoritarios fuerce al resto a vender sus participaciones a un tercero, incluso si los minoritarios rechazan la operación. Cuando se activa, un fundador puede verse obligado a desprenderse de su parte de la empresa en condiciones que no ha negociado personalmente, perdiendo toda capacidad de decisión sobre el futuro del proyecto que ayudó a construir. Esta herramienta beneficia principalmente a los inversores y socios con más capital, que pueden vender en el momento que consideren óptimo sin importar la opinión del resto.

El umbral para activar el drag along suele fijarse entre el 51% y el 75% del capital social, pero cada pacto establece sus propias reglas, y algunos incluyen porcentajes más bajos que facilitan aún más la expulsión involuntaria. Además, existen pactos que combinan esta cláusula con otras de antidilución o preferencias de liquidación, de modo que el fundador minoritario no solo se ve forzado a vender, sino que además cobra una fracción insignificante del precio total de venta, viendo cómo los inversores recuperan primero su inversión multiplicada.

  • Los emprendedores deben negociar un precio mínimo de activación que garantice que solo se venda por encima de una valoración razonable.
  • Incluir un derecho de información previo permite al socio minoritario conocer los detalles de la operación antes de verse arrastrado.
  • Pactar una notificación con al menos 60 días de antelación da tiempo para buscar alternativas o encontrar un comprador alternativo.
  • Establecer que el precio sea el mismo para todos los socios, sin privilegios de liquidación, evita que unos cobren millones mientras otros reciben migajas.
  • Exigir que el comprador mantenga ciertas garantías sobre el equipo o la marca puede proteger la reputación del fundador saliente.

Good leaver y bad leaver: etiquetas que deciden tu indemnización

Las categorías de good leaver y bad leaver determinan el trato económico que recibes al salir de la sociedad, y la diferencia entre ambas puede representar cientos de miles de euros o quedarte sin nada. Un good leaver abandona por causas justificadas como fallecimiento, incapacidad permanente o jubilación, y en teoría mantiene el derecho a recuperar el valor de mercado de sus participaciones consolidadas, aunque muchos pactos limitan ese valor o imponen descuentos arbitrarios. Un bad leaver, en cambio, pierde prácticamente todo, cobrando únicamente el valor nominal de sus acciones, que suele ser ridículo frente al valor real de la compañía.

El problema radica en que la definición de bad leaver es extremadamente amplia y subjetiva en la mayoría de los pactos de socios. Causas como dimisión voluntaria, despido disciplinario, incumplimiento de obligaciones o incluso competencia desleal posterior activan esta categoría, pero los términos se redactan de forma tan genérica que casi cualquier salida puede interpretarse como bad leaver si los socios restantes así lo desean. Esto crea una situación de indefensión donde el fundador saliente depende de la buena voluntad de quienes quedan, sin mecanismos objetivos de valoración ni árbitros neutrales que medien el conflicto.

Negociar desde el inicio una lista cerrada y taxativa de causas de bad leaver es fundamental para evitar interpretaciones interesadas. Igualmente importante es acordar un procedimiento de valoración independiente, realizado por un experto externo, que fije el precio justo de las participaciones en el momento de la salida, impidiendo que los socios restantes impongan valoraciones a la baja con el único objetivo de quedarse con la parte del saliente por una fracción de su valor. Sin estas protecciones, el pacto se convierte en un instrumento de expropiación legal.

Cláusulas anti-bloqueo: el arma para expulsar al socio al 50%

Cuando dos socios fundan una compañía con participación del 50% cada uno, cualquier decisión estratégica puede quedar bloqueada si no hay acuerdo, paralizando por completo la operativa de la empresa. Las cláusulas anti-bloqueo buscan resolver estos empates, pero en la práctica funcionan como mecanismos de expulsión que permiten a uno de los socios forzar la salida del otro mediante procedimientos de compra-venta obligatoria o arbitrajes con resultado vinculante. Estas herramientas incluyen figuras como el russian roulette o el shotgun, donde uno de los socios hace una oferta y el otro debe aceptarla o comprar él mismo al precio propuesto, generando situaciones de presión extrema.

El russian roulette obliga al socio que recibe la oferta a decidir en un plazo muy breve, normalmente entre 15 y 30 días, si compra o vende, lo que favorece a quien tiene más liquidez disponible o acceso a financiación externa. El socio sin recursos económicos se ve forzado a vender su parte aunque no quiera, porque no puede reunir el capital necesario para comprar la participación del otro, convirtiendo la cláusula en una herramienta de expulsión disfrazada de mecanismo de desbloqueo. Además, estos procedimientos no contemplan valoraciones externas, sino que el precio lo fija unilateralmente quien lanza la oferta.

Incluir alternativas más equilibradas, como someter el desacuerdo a mediación o arbitraje antes de activar mecanismos de compra-venta, protege a ambos socios y da tiempo para explorar soluciones menos traumáticas. También resulta prudente pactar que cualquier operación de este tipo requiera una valoración pericial previa, impidiendo que el socio con más músculo financiero abuse de su posición. Sin estas cautelas, el pacto de socios al 50% se convierte en una cuenta atrás hacia la expulsión del fundador con menos recursos, independientemente de su aportación real al éxito de la compañía.

Fundación Marqués de Oliva
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